21 ene. 2008

Cambiar La Historia

(NOTA: Este artículo fue publicado ya hace un ratón en Básico FM, pero con alguna de las migraciones que hemos hecho en los últimos años, se perdió. El Consejo Editorial de Retórica Lúdica, osea su servilleta, decidió re-publicarlos aquí poco a poco, a ver qué les parece).

Hablando con Alex sobre la pésima película Cazadores de dinosaurios -o más bien, sobre el libro de Asimov que retoma esa película- caímos en el siempre sorprendente tema del efecto mariposa: un aleteo de mariposa en Canadá puede provocar un tifón en Brasil.

Este efecto, trasladado al tiempo, supone que si yo cambio algo en la naturaleza hoy, estoy cambiando irremediablemente la Historia con mayúscula. Y si alguien viaja en el tiempo y mueve una cosa, por pequeña que sea, los efectos serán impredecibles en el presente. Así que aguas con andar matando insectos.

Con ese tema en la cabeza, me dio por pensar en por qué nos impresiona tanto algo tan natural. Si cambias algo en una secuencia, obviamente modificas el resultado, ¿no? ¿Entonces por qué tal asombro?

A mi punto de vista, se trata de una secreta megalomanía. En el fondo, nos encanta la idea de que un acto nuestro pueda modificarlo todo: sueño último del hombre, Cambiar La Historia. Trascender.

Ojalá pudiera hacer una película donde el protagonista viajara en el tiempo, cambiara la historia y volviera al presente (con su correspondiente dosis de acción, dinosaurios y cruzados), sólo para descubrir estupefacto que no había cambiado nada.

Sería un fracaso de taquilla.

14 ene. 2008

Goyo Muñoz y....

No sé si hayan visto, oído, o recuerden esos anuncios de la Época del Romanticismo Mexicano (es decir, cuando había puro trío cantador de bolero y de las infames románticas de Agustín Lara) que anunciaban a sus estrellas como Juanito Solís y su piano melódico o Lulú Mejía y su romántica guitarra.

En ese viaje andaba mientras mi vecino de cubículo, Gregorio Carlos (gran tipo de nombre telenovelero) escuchaba en su iPod unas dolidísimas canciones de la Yegüa Fernandez y stuff like that. De pronto, me llega uno de esos flashazos de grandeza... Qué tal si lo lanzo como artista y lo anuncio como...
¡Goyo Muñoz y su iPod romántico!
Un hitazo, ¿qué no? Reserven ya en el bar de Sanborn´s más cercano.